Los presidentes ruso Vladimir Putin y chino Xi Jinping.
Mientras en la Argentina los partidos con mayor intención de voto definen por estos días sus candidatos para las elecciones, en el resto del mundo se siguen produciendo situaciones importantes que sin dudas terminarán afectando al país.
El peronismo y el macrismo (más sus socios en los respectivos frentes electorales) producen un espectáculo difícil de explicar. La lucha interna por llegar a las candidaturas como un primer paso para intentar alcanzar el poder parece no tener freno.
En el gobierno se vuelve a repetir un clásico: el resquemor y la pelea entre el presidente y su vice. Le pasó a Alfonsín con Martínez, A Menem con Duhalde, a De la Rúa con “Chacho” Álvarez, a Kirchner con Scioli y a Cristina Kirchner con Cobos. Para no ser menos, Alberto Fernández y Cristina Kirchner siguieron ese camino y dividieron al gobierno en dos grupos bien diferenciados. Se debería emprender un estudio multidisciplinario para tratar de entender el porqué de ese fenómeno político tan repetido entre los gobernantes argentinos.
A la par del crecimiento de las pujas internas y acusaciones de toda índole en la política doméstica, la situación internacional no es menos preocupante. Las insólitas peleas criollas, que sin duda abonan la crisis económica, anestesian en gran parte lo que ocurre en otras latitudes y cuyos efectos ya han llegado a la Argentina, aunque no aún en su verdadera dimensión.
Europa atraviesa una de los períodos más preocupantes desde la Segunda Guerra Mundial: tiene alta inflación, bajo crecimiento económico y crisis energética. Una combinación de factores contribuye a ese escenario, pero la guerra entre Rusia y Ucrania es el más importante. También la pandemia del Covid y la fuerte intervención de los Estados en auxilio de la economía contribuyó a ese escenario
Casi nadie creyó que Vladimir Putin cumpliera su amenaza de invadir Ucrania, una acción militar anacrónica, pero tampoco que la guerra duraría ya más de un año. La muerte y destrucción de la infraestructura civil ucraniana es indignante y no hay justificativos para explicar el avance ruso, que pretende emular al imperio de la época del zar Pedro el Grande y quedarse con territorio extranjero para justificar un sistema defensivo ante un hipotético ataque desde occidente. Un pensamiento político que atrasa.
Con la guerra, Europa del este ha retrocedido casi un siglo en la historia cuando el “espacio vital” era geopolíticamente importante. En el mundo globalizado actual las disputas transcurren por otros andariveles, sobre todo entre las superpotencias, y el enfrentamiento no llega a las armas. Un caso típico ese el de China y los Estados Unidos, en guerra comercial desde hace años por la consolidación de su poderío económico en el mundo.
Rusia es un socio clave para China por su gran producción de commodities y un vasto territorio donde conviven once husos horarios. Es precisamente por eso, que la guerra ha producido el aumento en los precios de la energía que importa Europa de Rusia y una disminución de los flujos exportables agrícolas ucranianos, gran productor mundial de cereales.
Muy lejos de allí, Estados Unidos lucha desesperadamente para mantenerse como primera potencia mundial, objetivo que también le pasa factura a su economía, cada vez más endeudada y con inflación.
SI los recursos que se emplean en el mundo para la producción y compra de armamento se destinasen al desarrollo económico de zonas del planeta donde hay condiciones de vida miserables, se acabaría la desnutrición, una abyecta enfermedad social que no se ha podido erradicar.
Los efectos de la guerra armada rusa-ucraniana y de la comercial China-norteamericana tendrán efectos en lo que ya se perfila como un nuevo orden de hegemonía económica y militar del mundo.
En el transcurso de la historia los imperios se han ido derrumbado y algunos colapsaron absolutamente. Otros, en cambio cedieron terreno e influencia. Italia no es el imperio romano ni Turquía el otomano y Gran Bretaña dejó ser primer potencia mundial a mitad del siglo XX. Este es el camino que preocupa a los Estados Unidos y al resto de occidente ante el avance económico primero y militar, seguramente después, de China, un gigante asiático ahora millonario.
La geopolítica internacional va camino a sufrir modificaciones en el corto y mediano plazo con el surgimiento de nuevos liderazgos. La Argentina no parece estar muy atenta a ese nuevo panorama debido a su crónico conflicto interno.
Sin embargo, cometer errores en materia de política internacional, como ocurrió en el pasado con el apoyo muy tardío a las naciones que luchaban contra el nazifascismo en Europa, tendría nuevamente efectos negativos para el país. Sobre estos temas se escucha muy poco de los candidatos, una distracción que tendrá un alto precio en el futuro.
