En distintas partes del mundo hay señales de un peligroso avance de la ultraderecha.
Toda Europa y el mundo, pese al coronavirus, miran a España con atención por algunas situaciones políticas de máxima tensión. En Barcelona y otras ciudades se registran manifestaciones que derivan en violencia y saqueos en protesta por la detención del rapero Pablo Hasél. Es un joven casi desconocido, hasta ahora, que fue encarcelado por el tono de sus letras y tuits que acusan a la policía de torturar y matar inmigrantes, cuestionan a la monarquía y al rey emérito Juan Carlos I y alientan a bandas terroristas como las ya inexistentes Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (Grapo) o la organización separatista vasca ETA, responsables de decenas de asesinatos en décadas pasadas.
Amnistía Internacional cree que en España hay amenazas a la libertad de expresión porque en el caso del rapero no se han superado los límites que marca el derecho internacional a expresarse libremente: la comisión directa de delitos.
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