Lucha por el poder global, reposicionamiento geopolítico y el regreso de un imperio
Cuando la emperatriz rusa Catalina II “la grande” envió a sus arquitectos a Roma a estudiar las maravillosas salas de los Museos Vaticanos para construirlas exactamente iguales en San Petersburgo, la capital entre 1712 y 1918, no imaginó que tiempos después los italianos harían el viaje de vuelta a Rusia para ver esas copias fieles. ¿Qué había pasado? Un incendio destruyó algunas salas originales y la única referencia para reconstruirlas eran las réplicas perfectas que habían hecho los rusos. El amor por el arte, la literatura y la cultura en general estuvo impregnado desde siempre en el pueblo ruso. Claro que hasta principios del siglo XX solamente eran privilegio de la nobleza, una minoría que gobernaba a un inmenso imperio conformado principalmente por siervos, que eran campesinos en estado de esclavitud.
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